El sistema de suspensión de un vehículo está diseñado para soportar impactos, estabilizar la conducción y mantener el contacto entre las llantas y el camino. Sus componentes trabajan bajo condiciones exigentes, pero cuando entra agua o lodo a estos mecanismos, se puede comprometer seriamente su funcionamiento, generando daños, ruidos, desgaste prematuro y peligro al conducir.
Ya sea por cruzar charcos profundos, circular en caminos de terracería, lavar el chasis con presión o conducir durante lluvias intensas, la entrada de agua a la suspensión puede traer consecuencias que van mucho más allá de una simple incomodidad.


